Concierto de Inti Illimani: Segundo encuentro, en Alemania

Diciembre 21st, 2005

Hay que ver lo diferentemente topográficos que son los tiempos. El recuerdo hace que los reproduzca y, en ocasiones, producen confusión. Un tiempo más o menos y pierdes un tranvía, un tren, medio día. Puedes, sin embargo, ganar un reencuentro, aunque sea con una mesa de mármol y cuatro paredes mal pintadas de comercio global.

El recuerdo llega a veces a través de diapositivas. Una imagen lleva a otra, un vistazo al siguiente, hasta llegar a reconocer esa mesa a la que justo una madrugada llegaste y te sentaste en compañía para tomar un té en búsqueda y captura de la pureza metida en un vasito de plástico con la insignia de alguna gran multinacional venida a menos.

En esa mesa, un papelito. De ese papelito, todo un proyecto, un concierto y un reencuentro con la historia que ya encontraste algún día. Vuelve el tiempo del recuerdo, el paso lento y relajado de sucesos tras un largo viaje en soledad.

Y el tiempo lento pasa lento en una estación fría de noche incierta. Ante las horas no hay más remedio que caldearse por dentro. “Pierde un tren y pierde las horas”. Compartes lugar con viejos chacales que no saben si esperan o esperan contigo. Nadie se mira, todos se concentran en su calor interno para pasar las horas que perdiste y las de ellos. Vuelve el recuerdo, con sus proyecciones y sus deseos no cumplidos. Aguantar las risas de esos chacales que esperan contigo con grandes tonos de infierno partido y frío. Concentrarse para perder la vista de lo que aquí se malríe.

Rememoro, intento rememorar el concierto de esta noche. No, no fue como el de mi recuerdo en Valdivia. Fue entonces todo nuevo e improyectado. El de hoy, quizás, premeditado en silencio. Alemania estaba cansada de tanto ajetreo por las américas nortes y sures en un global mundo de ilusiones. Pues sí, me quedé con las ganas de intimar más, en ese recuerdo de la otra vez… Pero, ¡qué concierto tan lleno de alegría y buen estar!
Me encontré tantas veces con el gran piano venido de Valparaíso a lo largo del concierto. Cada tecla, un respiro. Illimani es una alta montaña y su Inti nos alumbra.
Eran treinta personajes representando su obra sin telón tras treinta instrumentos de la tierra. Cada uno era los treinta y los treinta eran sólo siete: un Jorge, un Marcelo, un Daniel, un Juan, un Christian, un Efrén, un César, dos Jorges, dos Marcelos, tres, cuatro, hasta treinta…Y todos ellos transportando sus fantasmas buenos, sobre todo. Con un sonriente y alegre Víctor Jara en la maleta. La canción de Víctor fue de las más sentidas e innovadas en el concierto, que, con sus tribales ritmos y bailes, evocaba al corazón torrentes de emociones en su letanía.

El concierto de Inti Illimani fue el 30 de noviembre de 2005 en Tollhaus (Karlsruhe). Pude ir gracias a la acreditación de Radio Dreyeckland para hacer una entrevista con Jorge Coulon, cosa que logramos hacer media hora antes del concierto, después de que Inti Illimani terminara su ensayo de rigor.
El encuentro con Jorge fue tan normal y tranquilo como siempre. Es una de esas personas a las que crees conocer desde hace tiempo por su sencillez y dedicación de su tiempo como si éste no existiera. Son de esos momentos que quedan en la memoria desligados de toda referencia temporal; existen; son. Jorge Coulon lleva consigo una familiaridad que se extraña a menudo en este mundo.
Tras buscar un cuarto vacío por todo el local sin éxito, decidimos hacer la entrevista en el teatro, sentados en las sillitas desde las que minutos después tuve ocasión de verles en su alegría presente y su cariñoso mensaje. Allí, en medio de esa sala de conciertos ya expectante, charlamos durante una media hora y, como aquella vez en Chile, Jorge Coulon me hizo sentir en casa.

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